lunes, noviembre 03, 2025

SIN TIEMPO PARA MORIR

"Sin tiempo para morir".  Esta frase, título de una conocida película de la serie protagonizada por el famoso espía James Bond, fue utilizada por Valerio Rocco, director del círculo de Bellas Artes de Madrid, en la conferencia inaugural de un congreso de educación hace ya algunos años. Valerio quería así llamar la atención sobre una sociedad actual que, permanentemente cansada, usando la expresión del reciente premio princesa de Asturias, Byung-Chul Han, se debate entre la necesidad de dar respuesta inmediata a los numerosos retos que se le plantea y el secuestro a la que es sometida por parte de las redes sociales y la celeridad de la vida moderna. 

Creanme, en el tiempo que escribo estas líneas me estoy "perdiendo" mensajes de wasssap y post de "X", que demandan con ansiedad mi respuesta. Además de "kudos" en Strava, enlaces a reels de instagram y, los ya clásicos e-mails que, en número de varias decenas, recibo cada día. Sin olvidar las diferentes solicitudes de amistad de Linkedin o del ya trasnochado Facebook. 

Por ello, es más necesario que nunca lo que, aunque más viejo que la misma humanidad, parece hoy una reivindicación ultramoderna y futurista: la pausa necesaria, la reflexión consciente sobre nuestro devenir y el tiempo para "vernos" y así poder "ver", en el sentido más profundo del término. Porque si no, corremos el riesgo de que la película de nuestras vidas tenga por título: "sin tiempo para pensar", cualidad que sin duda alguna nos define como especie y va asociada a una una vida plena y consciente y no a una inacabable sucesión de actuaciones sin sentido hasta nuestra muerte. 


 

sábado, septiembre 03, 2005

NO SERÉ YO MENOS


Desde luego que no, no seré yo menos... En una sociedad global, multimedia y cibernauta, plena de entornos amigables, routers inalámbricos y conexiones WIFI, de sonidos polifónicos, de videoconferencias, cibersexo y de interactividad televisiva vía SMS, he decidido conectarme.
Y es que no podía ser, no señores. No podía yo permanecer desconectada por más tiempo del mundo real.
¿Cómo es posible, se preguntarán ustedes, que haya podido permanecer durante años aislada del resto del planeta? Y la verdad es que lo estaba notando, me sentía sola e incomunicada. Apenas recibía llamadas para quedar a charlar o ir al cine, o simplemente pasear. Pero eso ha cambiado radicalmente en estos últimos días. Después de comprarme un portátil, contratar una conexión adsl y darme de alta en el messenger, mi vida ha cambiado. Ahora tonteo con mi cibernovio de Kuala Lumpur e intercambio recetas de cocina crativa con un grupo de Okinawa. Tecleamos, en tiempo real por supuesto, durante horas, contándonos lo mucho que tenemos en común. A veces, incluso intercambiamos consejos virtuales para la solución de éste o aquel problema. Además me he suscrito a varias revistas y diarios electrónicos que me mantienen en todo momento informada de lo que sucede. Hago la compra en la tienda virtual de la conocida multinacional carretrois y tengo un asignado un cibermédico de familia que está, vía mail, pendiente de mi en todo momento. Ahora trabajo en casa y me ahorro esos tremendos atascos que sufría cada mañana, ya no tengo que oler al resto de mis congéneres en el metro y mi cibernovio no me clava el codo en la cama. Además organizo mi tiempo como me da la gana, puedo trabajar catorce horas si quiero, esto si que es libertad...
Mis vacaciones ahora son virtuales. Ayer estuve en Marte y gratis. Son increibles los beneficios y la felicidad que me reporta mi nueva vida, y por si fuera poco, ahora puedo contar mis experiencias cotidianas en mi propio blogg. Que más se puede pedir, ahora si que estoy conectada a la aldea global. Aunque,no sé, hay algo que falla y no sé que es. Bueno les dejo, tengo que chatear con mi psicoanalista sobre el tema.